Luego de los fatídicos sucesos del 27 de febrero de 1989, Chávez decide no abandonar el Ejército bajo ninguna circunstancia y afirma: “Ahora no me voy del Ejército, aunque solo seamos cinco los que le entremos a tiros a Miraflores en la noche. De aquí no nos vamos callados” (MPV. p. 498)
1 de marzo de 1989. Escribe un poema a las víctimas del Caracazo
El 1 de marzo es asesinado su amigo y compañero de armas, Felipe Acosta Carlez, durante las operaciones de represión, ocasión que le motivó a escribir y dedicar un poema a su memoria y a la de los cientos de sacrificados aquellos días aciagos.
“Mataron a Felipe Acosta/ La tormenta de los pueblos/ se desató por las calles/ no quedaba nada en pie/ desde Petare hasta El Valle/ Caracas tenía sed / y la sed era de sangre/ ay, balazo/ en un instante te llevaste a mi compadre. /El río Guárico llorando/ corre entre tus palmares/ y los morros de San Juan/ se estremecen verticales/ por los caminos del Llano/ se apagaron los cantares/ y hasta el viendo en la sabana/ se detuvo aquella tarde./ Yo no lo quería creer/ se lo juro por mi madre/ si apenas antes de ayer/ te vi allá en el Alma Mater/
con toda tu humanidad/ entraste a mi salón de clases/ y gritamos como siempre:/ ¡Maisanta que son bastantes! Mataron al catire Acosta,/ al catire Acosta Carlez/ ¡epa! No te me vayas ahora,/ no te me vayas compadre,/ que el Cacique Guaicaipuro/ reunió tribus del Valle,/ que José Leonardo Chirino/ ya levantó su negraje/ que en los llanos de Apure/ compadre, despertó el catire Páez/ que al Mariscal Sucre vieron /cruzando el río Manzanares,/ que Rafael Urdaneta/ se abrió hacia los medanales,/ que ya Piar en Angostura/ cabalga con su pardaje,/ que mi General Bolívar/ ayer mismito en la tarde/ recibió a Exequiel Zamora/ con todos sus Federales/ que el cielo está encapotado/ anunciando tempestades,/ no te mueras ahora,/¡no te mueras compadre!/ Mataron a Felipe Acosta,/ a Felipe Acosta Carlez/ oigan su grito indomable./ Y la boca del cañón / cuando lancemos ataque/ y la defensa enemiga/ cuando la quiebre el infante,/ cuando mil paracaidistas/ caigan en los terrenales,/ cuando hagan temblar la tierra/ cien divisiones de tanques/ y cuando la caballería/ lance su carga salvaje,/ oigan al catire Acosta,/ ¡oigan su grito indomable! ” MPV. p. 497.


